El dinero en África

El dinero en África es una especie de electricidad que viaja de unos a otros, en cuanto pagamos lo que debemos y nos devuelven nuestro cambio. La gente lo tiene en fajos porque aquí a nadie le gustan las monedas. Aquí el dinero es papel. Como un periódico o una novela. Hay países donde su calidad es mala porque, en lugar de utilizar pulpa de algodón o lino para hacer el papel, se utiliza pulpa de madera, muy quebradiza cuando se dobla en exceso o pasa a través de demasiadas manos: manos grasientas, sucias, mojadas, sudorosas… Manos ávidas, avariciosas, que cuentan una y otra vez, desconfiadas, inseguras.

En países como Cuba, uno puede ver el efecto de diferentes lecturas en los libros de segunda mano, cuyo texto en muchas páginas ya no puede leerse porque casi ha desaparecido, borrado por la avalancha de sucesivos pulgares de lectores con gafas mal graduadas o con la vista demasiado fatigada. También el dinero puede llegar a borrarse y su valor ya solo se recuerda por el color. Eso, por ejemplo, me sucedió en mi primer viaje a Gambia, cuando al cambiar euros por dalasis me dieron paquetes de dinero ciclostilado, cantidades ingentes por 10 billetes de cincuenta euros, que era todo lo que tenía en aquel momento. La mayoría de aquellos billetes, producto de una devaluación que había reducido su ya de por sí ridículo valor, había que interpretarlos, como si fueran cuadros suprematistas. Aun así, a la gente le gustaba exhibirlos, agitarlos, contarlos…

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