Cuando menos es más, el paraíso de enfrente

No existen calles ni rutas. No hay centros comerciales. Nada… Así de simple: nada y, al mismo tiempo, casi todo. Todo lo que uno pueda imaginar para ser feliz. Sí, esa es la respuesta que brindan los lugareños del Delta del Tigre, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. Un pedazo de paraíso que invita a soñar despierto, a vivir sin prisas y con la mente en paz, algo que hoy parece cada vez más difícil de conseguir.

Tenemos todo lo que necesitamos, dicen con orgullo. Eso no significa que la vida sea fácil. Hay sacrificios, urgencias y lucha. La naturaleza ofrece cuanto tiene, pero también impone sus propias reglas y obliga a aprender a vivir con ellas. Ríos y arroyos dibujan una geografía singular en la que lo salvaje y lo urbano conviven en un frágil equilibrio. El agua marca los caminos, determina las distancias y acompaña la vida cotidiana de quienes han hecho de estas islas su hogar. Las horas son largas, quizás un poco más largas que en la ciudad. La noche llega acompañada de un silencio absoluto con el que hay que aprender a convivir. Un silencio que, durante años, ha sido también refugio y musa de poetas y soñadores.

Quizás por eso, cuando se les pregunta qué les falta, la respuesta parece sencilla: nada.

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