claroscuro

Escribo estas líneas para repensar, ordenar e intentar verificarlo todo.

Necesito estar segura de si pasó, de si fue así. ¿Lo vi de verdad? Advertí la figura pálida y de facciones aguileñas que describe Stoker. En lo alto de la torre del castillo de Bran hay una sola ventana. Aquí es donde el autor situó a Mr. Harker, prisionero de Drácula. Lo vio allí, reptando por los muros y enloquecido por la llamada de los lobos. Esta imagen la tengo fijada en la memoria, aunque ya no sé qué pertenece a un recuerdo deformado y qué al claroscuro del abismo de la fortaleza.

Me costaba distinguir qué había abajo. Me arrimé al alféizar, pero la neblina solo me permitía vislumbrar unas sombras entre los árboles. Había algo, dos puntitos de luz que sobresalían, lo juro. Pensé que eran reflejos entre las ramas, que se balanceaban con el viento. Aquellos ojos no. Intactos, fijos en la torre. Entorné los ojos. Al abrirlos, ya no estaban. No… Tenían que estar allí. ¡Los había visto! Intenté acercarme. Puse la rodilla en el alféizar y me agarré al marco para inclinarme. Ahora sí, se habían movido hacia mí. Los presentía más grandes, más rojos. Se aproximaban. Sí, lo notaba. Alargué la otra mano para rozarlo y ofrecerle la muñeca. Que fuera real, por favor. Tenía que tocarlo. Ya casi… Los dedos resbalaron de la madera que me sostenía. Tuve la impresión de que caía, pero tiraban de mí hacia atrás, hacia el dormitorio del conde. Cerraron la ventana de golpe y los guardias me echaron del recinto. Hasta qué punto el recuerdo se ha desdibujado, quién sabe. Al menos, lo he retenido en mi diario.

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