DE VIAJE POR LIBRERÍAS

El verano empieza a quedar lejos y el invierno se siente cada vez más cercano. Pareciera que el tiempo de viajar, asociado frecuentemente a las vacaciones estivales, ya ha pasado. Sin embargo, los próximos meses nos ofrecen excelentes posibilidades de disfrute fuera de casa, visitando sitios de paso repletos de esos objetos mágicos llamados libros. Lugares asombrosos que dan cobijo a bibliófilos, bibliómanos o, sencillamente, lectores (bendita palabra). Espacios que nos arropan con la calidez del papel y la permanencia de la tinta: las librerías.

Que las librerías pueden (y deben) visitarse durante todo el año claro está, pero quizá son los meses del otoño e invernales aquellos en que resulta especialmente apetecible refugiarse en sus interiores para bucear entre sus estanterías. Puede que sea por esta razón que la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), eligiera el 11 de noviembre como Día de las Librerías. Según CEGAL, con esta jornada las librerías quieren mostrar que son «espacios cercanos, modernos y en continua evolución para generar cultura, y crear comunidades en torno al libro y la lectura». Añado que también son sitios que marcar en el mapa cuando se viaja fuera, ya que, además de ofrecernos la ocasión de hacernos con un ejemplar, muchas de ellas son auténticas bellezas, guardan fantásticas historias entre sus paredes, o se completan con cafeterías, bares o vinotecas para acompañar nuestros momentos de lectura o tertulia.

SI, soy una de esas viajeras que va al encuentro de librerías en cada ciudad que visito. Algunas las llevo apuntadas antes del viaje, otras son agradables sorpresas al cruzar una calle o un parque, unas cuantas parecían más un escondite que un sitio abierto al público. Por suerte, podría hablar de muchas de ellas. Así lo hice en dos de mis libros, En cualquier otra parte y Ocho ciudades.[1] Si vais a París, ¡ay, París! no podéis dejar de pasar por Shakespeare and Co., la librería que fundó Sylvia Beach, donde acudían Hemingway y los escritores norteamericanos expatriados de la denominada de la ‘Generación perdida’, donde se hizo posible la publicación del Ulises de Joyce. Hablando de Ulises, y ahora que se ha retomado con entusiasmo el interés por La Odisea, os diré que hay una librería en Atenas llamada Aegiis, en la zona del Pireo, especializada no solo en libros en griego antiguo, sino en todo aquello relacionado con la cultura clásica en cualquiera de sus vertientes. Son editores, realizan cursos y talleres de griego antiguo para niños y adultos, y de filosofía, historia, rutas culturales y conferencias. Kyriakakou Polyxeni (la librera que vela por todo ello), piensa que, para poder tener una comprensión completa tanto del idioma griego moderno como de la cultura e historia clásicas y su desarrollo hacia el presente, es necesario tener una base suficiente en lengua antigua. Su intención es facilitar y acercar el universo clásico al presente moderno. Para ello dejó su anterior profesión como veterinaria, y haciendo honores al culto heroico de los griegos, abrió este lugar con la sensación de cumplir finalmente su destino.

Si vuestro destino de tránsito fuera Londres, hay una librería que pasa por ser la más bonita de la ciudad, Daunt Books. Es posible que os apetezca más pasear por las calles de Nápoles antes de emprender la ineludible excursión a Pompeya; en ese caso, acercaros a la zona de Port’Alba, una de las nueve puertas de la ciudad, cuajada de puestos de lance. Si lo vuestro es la Gran Manzana no dejéis pasar Strand. Nació en año 1927 en la Cuarta Avenida, en lo que entonces se llamaba Book Row. Aquella hilera de librerías cubría seis manzanas y albergaba cuarenta y ocho establecimientos. Ben Bass, su fundador, tenía veinticinco años cuando comenzó su modesto proyecto. Empresario entusiasta y lector por naturaleza, este hombre erudito comenzó con trescientos dólares propios y otros trescientos que pidió prestados a un amigo. Ben quiso crear un lugar donde libros y lectores pudieran felizmente encontrarse. Llamó a su librería como la famosa calle de Londres donde una vez se reunieron escritores como Thackeray, Dickens y Mill. Hoy, Strand es el único sobreviviente del floreciente pasado de Book Row, y solo por eso ya merece la pena. Si, por contra, preferís la soleada California, acercaros a City Lights, inseparable de los grandes nombres de la generación Beat. En Venecia, la librería Acqua Alta lleva los libros en góndola, y en Milán el libro es arte en Taschen de Via Meravigli. Y tantas y tantas más…

«De pie allí, mirando las largas estanterías repletas de libros, sentí cómo me relajaba y de repente me sentí en paz», decía Helene Hanff, la autora del maravilloso 84, Charing Cross Road. No recuerdo un solo viaje en el que no me acompañara una maleta con libros. Ojalá vosotros tampoco.


[1] Ambos publicados en España por Editorial Menguantes.

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